Flan de choco y algo más.

Yabu quería algo con chocolate, porque le encanta el chocolate. A mí también, pero he tardado unos días en prepararle su postre porque estaba buscando algo especial. Creo que lo he encontrado, así que este flan, con vuestro permiso, y sin que signifique ninguna exclusiva, le está especialmente dedicado.
No te dejes engañar por el nombre de la receta. Parece sencillo y cotidiano, pero no lo es en absoluto. Se trata, aunque con forma de flan, de algo más que eso, y, según Jordi Roca, el cocinero/repostero de quien lo he copiado, es una versión oriental del conocido after eight.
Aunque, como enseguida comprobarás, es un delicatessen para compartir con alguien muy especial, pongo los ingredientes para cuatro personas.
Como casi siempre cuando se trata de repostería, las medidas son exactas, por lo que pueden multiplicarse y dividirse según las raciones que se quieran preparar. ¿Listo? Pues vamos allá.
El flan (bombón). Se necesitan 300 gramos de nata líquida, 30 gramos de miel y 500 gramos de chocolate negro.
Se hierve la nata con la miel y se mezcla con el chocolate, rallado, sin parar de remover para que no se pegue a la cacerola, hasta que no haya ningún grumo. Cuando esté completamente disuelto el chocolate, se reparte en cuatro flaneras individuales y se deja enfriar hasta que cuaje.
La gelatina de menta. Una ramita de menta, una puntita de wasabi (una pasta de rábano picante que se puede encontrar en tiendas de alimentación oriental) 200 gramos de agua, 50 gramos de azúcar, 2 gramos de agar-agar (un alga que se comercializa deshidratada y que se utiliza cada vez más para gelatinizar con productos naturales. Es fácil de encontrar también en la sección de productos orientales). Se mezclan en un recipiente que después se pondrá al fuego, el agua, el wasabi y el agar-agar rehidratado con anterioridad. Cuando empieza a hervir hay que remover un poco hasta que quede todo disuelto y entonces, ya separado del fuego, se infusiona la ramita de menta en el líquido de la mezcla. Se vuelca en un molde más alto y más estrecho que el de los flanes, y se deja enfriar para que cuaje.
Ahora viene la parte bonita y artística del plato. Se desmoldan los flanes, se vacía la parte central y se rellena con la gelatina de menta. El resultado es espectacular no sólo en su apariencia. En serio, hay que probarlo. Dulce, refrescante, picante, estimulante, excitante…
¿Alguien más se decide a pedir un plato dedicado?
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