Saté.

Hace unos días comí con unas amigas en un restaurante holandés desde el que se disfrutaba una maravillosa vista. De la extensa carta, repleta de consistentes platos de carne, sólo me atreví a pedir unas brochetas de pollo con salsa de cacahuete, el saté que se suele comer en los chinos y orientales en general. Pues estaba tan delicioso que busqué la receta de la salsa en cuanto llegué a casa y me pareció tan sencilla y asequible que hoy lo he preparado para cenar.
Lo de las brochetas de pollo no tiene más misterio que bañarlas en leche de coco después de aceitarlas y antes de asarlas a la barbacoa o, en su defecto, a la plancha. Hay que tener, eso sí, previamente remojados los pinchos de madera para que no se quemen.
La salsa, con la que se remojan las brochetas una vez asadas, es tan sencilla de preparar que lo más complicado es encontrar todos los ingredientes: 1 cebolla picada, 2 dientes de ajo majados, genjibre verde rallado, 1/2 cucharadita de guindilla, 2 cucharaditas de curry, 1 cucharadita de comino molido, 400 ml. de leche de coco, 3 cucharadas de azúcar moreno, 1 taza de crema de cacahuete,
Primero se hace un sofrito con la cebolla, el ajo y el genjibre la guindilla, el curry y el comino, removiendo para que no se pegue. Se añade la leche de coco y la crema de cacahuete y se deja cocer hasta que la salsa espese. Se añade el zumo de limón y se sirve, espesa y caliente, derramándola por encima de las brochetas de pollo ya preparadas.
Si te sobra salsa puedes guardarla unos días en el frigorífico. Aunque no sé yo si te va a sobrar.
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