Placeres. La trufa.
escrito en A la mesa, Huevos, La biblioteca, Los cocineros | 
Cocinar es como un beso fugaz. Nos hace pensar. Nos alienta a continuar provocando nuevas sensaciones y nuevas experiencias. El cocinar, como el amor, puede perder toda su magia, su atractivo, su encanto y su seducción cuando se vuelve mecánico; cuando se convierte en una vulgaridad, trivial, habitual u obsesivo. Estos placeres buscan aspectos emocionales, románticos, imaginarios…
La alquimia de las recetas se hace fundamental en un espacio lleno de fantasÃas eróticas. Un mundo de texturas y de sutiles transformaciones. Nos alimentamos con aventuras llenas de situaciones excitantes; inyectando a nuestro paladar calor, frÃo, pasión y sensualidad; llegando a confundir la cocina con amores inalcanzables. El placer de cocinar no avanza con la monotonÃa. Busca un espacio entre el roce y la distancia. Entre las miradas perdidas y el silencio ocasional. Entre labios entreabiertos, la lengua recogiendo saliva, proyectando pensamientos hacia los labios ajenos. Buscamos el placer entre la comida y la alcoba. Entre miradas, risas, lágrimas y escenas imaginarias.
Andrés Madrigal. Placeres de alcoba.
Me interesa desde hace mucho tiempo la llamada cocina afrodisÃaca, aunque sólo la practico con los ojos, leyendo lo que otros han escrito sobre ella. Hoy puede ser un dÃa tan bueno como otro para dejar la teorÃa y empezar con la práctica. Una receta sencillita, del mismo cocinero, y copiada del mismo manual, con un ingrediente aromático, lujoso, y, dicen los que saben de esas cosas, afrodisÃaco. Asà que la preparo para dos, que con la pasión no se juega.
HUEVOS DE CODORNIZ REVUELTOS CON TRUFAS NEGRAS
Los hacemos con 18 huevos de codorniz (no vale cambiarlos por huevos de gallina, el tener que ir rompiéndolos uno a uno, tan pequeños, también tiene su encanto) 50 gramos de trufa negra fresca, 15 gramos de mantequilla, una cucharada de nata, sal, pimienta y costrones de pan frito para acompañar.
Es tan sencilla de preparar que casi me de vergüenza explicarlo. Se cascan los huevos de uno en uno con mucho cuidado, se van depositando suavemente en un cuenco y se baten, con sal y pimienta.
En un recipiente al baño marÃa (es decir, dentro de otro más grande en el que ya hay agua hirviendo) se deja derretir la mantequilla antes de incorporar los huevos. Se trabaja, sin dejar de remover, aunque suavemente, hasta que formen grumos, momento en el que se añaden la nata y la trufa muy picada para que desprenda todo su aroma. Para servirlo, en un bonito plato para dos, se rodea con los costrones de pan que ya tenÃamos preparados. ¡Buen placer!
escrito el February 14th, 2007 1:58 pm
escrito el February 14th, 2007 7:39 pm